No importa cuán difícil se ponga
lo que tengas que hacer, si sabes que es lo correcto.
Supongo que eso pensaría Nelson
Mandela cuando las cosas se le pusieron difíciles. Cuando ya llevaba una buena
temporadita en prisión sin saber si algún día saldría o no de entre aquellas
paredes.
Nelson Mandela.
El mundo ha
querido rendirle su particular homenaje estos días. Un agradecimiento
significativo por todo lo que ha aportado a la humanidad.
No hay palabras, supongo, para
describir una persona así. Miles de artículos circulan por la red estos días,
los hay buenos y los hay muy buenos. Pero las palabras se quedan cortas.
Dicen que no te das cuenta de lo
que tienes hasta que lo pierdes. Lo cierto es que para mí Mandela siempre había
sido un símbolo de Sudáfrica, un “personaje importante”, un luchador, un rebelde.
Nunca sentí la necesidad de profundizar un poco más en su trayectoria. No supe
hasta ahora de sus años de prisión, de sus luchas, de su capacidad de perdón, de todo lo que le debe la
humanidad, que es mucho. No lo supe hasta su muerte.
Después de haber leído los muchos
artículos que se han escrito sobre él, haber “googleado” su nombre y averiguar
que no sólo fue un político sino un abogado (¡ejemplar abogado, diría yo!).
Después de haberme enterado de sus varios matrimonios, de sus sufrimientos, de
sus ideales.. Después de todo eso, he terminado por comprender que,
efectivamente, no hay mejor palabra para definirle que la que su mismo pueblo
le puso: Madiba.
Madiba luchó por la libertad,
pero entendiendo ésta en un doble sentido. Una libertad tanto externa como
interna. Y entendió que su libertad interna la decidía él mismo. Madiba no
podía defender la libertad siendo esclavo de su propio odio o rencor, y perdonó.
De todas las frases que dejó Madiba (y que he leído hasta ahora), os dejo con esta:
“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen,
o su religión. La gente tiene que aprender a
odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano
que su contrario”


