He vuelto a recorrer la senda de las historias que sin tener principio ni fin, existieron. Aquéllas que se alimentaron a base de señales cobardes a medio camino del "Sí" y el "No". Caminantes pasajeros, intermitentes, dubitativos ante el que dirán, el que será, y después de todo, qué pasará.
He vuelto a sentir aquel nudo, que sin piedad ata las cuerdas de mi garganta y presiona el corazón en un ruego de lágrimas que no se deciden a aflorar. A sonreír como una tonta, e inventar ocho capítulos al más puro estilo Jane Austen con un "comieron perdices" cerrando la historia. A correr y frenar en seco, centrar todos mis sentidos en un olvido que se resiste, mientras mi mente no da tregua y analiza cada gesto, cada palabra, cada mirada, en busca de una señal que se perderá después en el camino...
Cobardes sin retorno, a la espera de un día que no llega, que tal vez ni llegue, esperando el momento, la ocasión, la certeza que se resiste ante la ausencia del primer paso.
Y siento que se avecina la nostalgia, de lo que fue pero sobretodo, de lo que pudo haber sido. Comprando un destino a ese billete de tren infinito, decidiendo estación desde la que retomar de nuevo el trayecto tras una pausa en el camino. No vuelvas atrás si no te has decidido, ni me traigas más quizás que tantos sueños encierran.
Tendremos que esperar, aguardar el mayor de los tropiezos que nos hará salir airosos, y descubrir que en el error está el camino; y en el primer paso, la manera de llegar. Y comprobar, reconocer después de todo, después de tanto, que la telequinesia no fue nunca nuestro fuerte; que queriendo y sin querer, nos veremos tropezar, y por encima de todo, eso no será el final.
Destaparemos viejas heridas mientras aguardamos la llegada de las palabras más bonitas, seguidas de miradas certeras y sonrisas que de pronto un día comenzaremos a sentir hogar. Intenciones que se transformarán en palabras, palabras en hechos, hechos en hábitos, rutinas del querer al que uno nunca se acostumbra.
Y volveremos, caminando, incapaces de medir lo que en el tiempo recorrimos, sin un horizonte que nuestra vista pueda conocer de antemano. Nos paramos, sentimos la nostalgia de la emoción del primer paso, el primer tropiezo, el primer perdón...
Nostalgia de lo que fue, de pronto y sin darnos cuenta, la encontramos anclada entre aquello que sin principio ni fin, sin existir, existió.

